Origen — Carbón, territorio y transición energética en España
Origen
Un tributo a una era
que se va
Carbón, territorio y transición energética en España

España, 2021.
La silueta de una chimenea térmica se recorta contra un cielo cargado. Durante medio siglo estas estructuras ordenaron el paisaje y el empleo de comarcas enteras; hoy son el punto de partida de la descarbonización española.
Nadie está preparado para una despedida. Ni siquiera quienes han pasado media vida sabiendo que, tarde o temprano, iba a llegar. Durante años, el final del carbón en España fue una certeza lejana, una idea que se repetía sin concretarse, como si siempre quedara un poco más de tiempo. Pero la transición terminó por imponerse y, cuando lo hizo, transformó el paisaje y el ritmo de muchos territorios en cuestión de muy pocos años. Las chimeneas dejaron de emitir, las turbinas se detuvieron y las centrales, esas estructuras que durante décadas habían organizado la vida de comarcas enteras, quedaron en silencio. No hubo una única imagen que resumiera el cambio, sino una sucesión de escenas que, poco a poco, fueron construyendo la sensación de final de etapa.
Lo que se apagaba no era solo una forma de producir energía. Era una manera de entender el territorio, el trabajo y el progreso.
Durante gran parte del siglo XX, el carbón fue el eje sobre el que se apoyó una parte esencial del desarrollo industrial de España. No solo generaba electricidad, sino que daba forma a la vida de quienes habitaban las cuencas mineras y los entornos de las centrales térmicas. En el norte y en el interior de la península, pueblos enteros crecieron alrededor de pozos, cintas transportadoras y torres de refrigeración. El tiempo se medía en turnos, en relevos, en ciclos de producción. Había dureza, había riesgo, pero también una idea clara de estabilidad. Formar parte de aquel sistema significaba pertenecer a algo mayor, a un engranaje que sostenía el funcionamiento de un país que avanzaba hacia la modernidad.

Central Térmica de Litoral, Almería (España) – 10 de octubre de 2023.
Operarios trabajan en el interior de una de las turbinas de la Central Térmica de Litoral.
Ese modelo resistió durante décadas. Acompañó transformaciones políticas, crisis económicas y cambios sociales. Centrales como As Pontes, Compostilla II, Andorra o Litoral fueron piezas clave en ese sistema, infraestructuras que operaban en un discreto segundo plano mientras garantizaban que la energía llegara a millones de hogares. Pero el tiempo empezó a cambiar. Las exigencias ambientales se endurecieron, los costes asociados a las emisiones aumentaron y la tecnología abrió nuevas posibilidades. El equilibrio que había sostenido al carbón durante tanto tiempo comenzó a desplazarse.
No fue una ruptura inmediata, sino un proceso acumulativo. Adaptaciones, reformas, intentos de prolongar la vida útil de las instalaciones. En algunos casos, las centrales se modernizaron para reducir su impacto ambiental. En otros, el contexto dejó de ser compatible con su continuidad. A finales de la década de 2010, la transición se aceleró de forma definitiva. Las normativas europeas, el coste del carbono y la necesidad de avanzar hacia un modelo energético más sostenible impulsaron el cierre de las centrales térmicas. En un periodo relativamente corto, España dejó atrás una tecnología que había sido central durante más de medio siglo.

Central Térmica de Litoral, Almería (España) – 10 de octubre de 2023.
Un equipo trabaja dentro de un recinto de seguridad de la Central Térmica de Litoral. Cada zona se confina antes de intervenirla: el polvo, el amianto y las alturas condicionan cada movimiento de la cuadrilla.

As Pontes, Galicia (España) – 9 de octubre de 2025.
Maquinaria pesada abre camino en el interior de la Central Térmica de As Pontes. Lo que fue sala de máquinas se convierte en obra: retirar el carbón de la memoria de un valle exige antes vaciarlo de hierro.
Desde una perspectiva global, el cambio fue evidente. Las emisiones descendieron de forma significativa y el sistema eléctrico comenzó a transformarse. Pero sobre el terreno, la transición tenía otra dimensión. En los territorios donde el carbón había sido el eje, lo que se abría no era solo un futuro distinto, sino un tiempo que exigía adaptación. Las centrales no eran únicamente instalaciones industriales; eran empleo, identidad, arraigo. Su desmantelamiento obligaba a repensar el lugar que ocupaban esas comunidades en un nuevo contexto.
Y, sin embargo, ese mismo proceso empezó a revelar otra posibilidad.

As Pontes, Galicia (España) – 9 de octubre de 2025.
Limpieza y clasificación de escombros en As Pontes. Más del noventa por ciento del material que sale de una central térmica se recupera: acero, cobre, hormigón y aislantes siguen rutas distintas de reciclaje.

Central Térmica de Compostilla, Castilla y León (España) – 2 de julio de 2024.
Trabajadores suben en el ascensor hacia sus puestos en la Central Térmica de Compostilla. Los mismos oficios que sostuvieron la era del carbón en El Bierzo son ahora los que la desmontan.

Central Térmica de Andorra, Teruel (España) – 17 de marzo de 2023.
Interior confinado de la Central Térmica de Andorra durante los trabajos de desmontaje. A pocos kilómetros, en los mismos terrenos de la empresa, ya crecen las primeras plantas fotovoltaicas de la comarca.
Mientras el carbón se apagaba, una nueva forma de producir energía comenzaba a desplegarse con fuerza. España, con su abundancia de sol y viento, encontró en las renovables una vía natural de evolución. Los aerogeneradores empezaron a aparecer en las crestas y las mesetas, las plantas solares ocuparon grandes extensiones en el sur y el interior, y territorios que antes no tenían un papel estratégico en el sistema energético comenzaron a adquirir protagonismo. En pocos años, la energía eólica y la solar pasaron de ocupar un espacio marginal a convertirse en el núcleo de la generación eléctrica. Hoy, más de la mitad de la electricidad del país procede de fuentes renovables.
Esa transición no ha sido solo tecnológica. Ha sido también territorial y humana.

As Pontes, Galicia (España) – 9 de octubre de 2025.
Corte con soplete en As Pontes. El desmantelamiento se mide en cortes: miles de piezas separadas a mano antes de que la estructura pueda venirse abajo con seguridad.

Central Térmica de Compostilla, Castilla y León (España) – 2 de julio de 2024.
Un operario corta los anclajes de una de las calderas de Compostilla, en una fase ya avanzada del desmontaje. Liberar la caldera de sus apoyos es el paso previo a su caída controlada.
En algunos lugares, la transición se puede leer a través de trayectorias personales que atraviesan generaciones. Familias que han vivido el paso de la minería a la producción eléctrica y, ahora, a las energías renovables. El tránsito no siempre ha sido sencillo, pero sí ha abierto una continuidad inesperada. Donde antes el trabajo se concentraba en un único punto —la central, la mina— ahora se distribuye en una red de instalaciones que ocupan el territorio de otra manera. La energía deja de estar concentrada para desplegarse. Cambia la escala, cambia la lógica, cambia también la relación con el entorno.
Esa nueva energía renovable tiene algo distinto. Se apoya en los recursos naturales de forma directa. El viento, el sol, el agua. Elementos que siempre han estado ahí y que ahora adquieren un valor estratégico. En territorios que durante años habían visto cómo su población disminuía o su actividad se reducía, empiezan a surgir nuevas oportunidades. No como una sustitución inmediata de lo anterior, sino como una apertura hacia el futuro. Nuevas formas de empleo, nuevos proyectos industriales, nuevas posibilidades de arraigo.

Central Térmica de Compostilla, Castilla y León (España) – 1 de julio de 2024.
Tareas de limpieza y reciclaje en un recinto de seguridad de Compostilla. Buena parte del trabajo no es demoler, sino separar, etiquetar y sacar: un inventario paciente de la industria que se va.

Central Térmica de Andorra, Teruel (España) – 16 de febrero de 2023.
Primera parte de la secuencia de la voladura de la chimenea de Andorra, 343 metros que durante décadas fueron el punto de referencia visible desde toda la comarca de Teruel.

Central Térmica de Compostilla, Castilla y León (España) – 12 de febrero de 2026.
La cabeza de la chimenea de Compostilla, instantes antes de tocar el suelo tras su voladura.
El despliegue de las renovables no ha sido lineal ni exento de complejidad. Ha requerido diálogo, adaptación, tiempo. En algunos lugares, la llegada de parques eólicos o plantas solares generó inicialmente rechazo o incertidumbre. Pero también ha permitido explorar fórmulas de integración con el territorio, de participación local, de generación de valor compartido. Municipios que han encontrado en estos proyectos una vía para reforzar su economía, para mejorar infraestructuras, para reactivar actividades tradicionales.
La transición, en ese sentido, no es solo un cambio de tecnología. Es un proceso de aprendizaje colectivo.

Central Térmica de Andorra, Teruel (España) – 16 de febrero de 2023.
Segunda parte de la secuencia: la chimenea de Andorra se pliega sobre sí misma en pocos segundos. Vecinos de la comarca siguieron la voladura desde los alrededores, como un funeral colectivo.

Puerto de Castellón, Comunidad Valenciana (España) – 7 de noviembre de 2021.
Un estibador supervisa la aproximación de un buque cargado con componentes para un parque eólico en construcción. La nueva energía llega por mar antes de subir a la sierra.

Aldeavieja, Ávila (España) – 22 de mayo de 2025.
Un convoy especial sube una pala de aerogenerador por las carreteras de la Sierra de Ojos de Albos. Cada pieza viaja de noche, con escolta y curvas medidas al centímetro.

Aldeavieja, Ávila (España) – 16 de octubre de 2024.
Un trabajador guía con una cuerda el rotor de un aerogenerador durante el izado. Toneladas de acero suspendidas que se colocan con la precisión de un gesto de mano.
En paralelo, el cierre de las centrales ha ido acompañado de un trabajo técnico riguroso que ha dado forma al final de esta etapa. El desmantelamiento de una central térmica no es un acto inmediato ni simbólico. Es un proceso complejo que se extiende durante años, que implica planificación, seguridad y conocimiento especializado. Cada estructura se desmonta con precisión, cada material se gestiona, cada espacio se prepara para su siguiente uso. No se trata de borrar, sino de transformar el territorio para el futuro.
Estos procesos de desmantelamiento han generado también actividad económica y empleo. Equipos especializados, formación específica, oportunidades para quienes formaban parte de la cadena de valor del carbón. El conocimiento acumulado durante décadas no desaparece; se adapta y encuentra nuevas aplicaciones en un contexto diferente. Los emplazamientos, además, mantienen un alto valor estratégico: acceso a red, infraestructuras logísticas, capacidad de desarrollo. Lugares que durante años fueron centros de producción de energía pueden volver a serlo, ahora desde la lógica de las renovables.

Parque Eólico de Muniesa, Teruel (España) – 9 de enero de 2024.
Operarios trabajan dentro del rotor de un aerogenerador del Parque Eólico de Muniesa. El interior de la máquina es un taller estrecho a decenas de metros del suelo.

Parque Eólico de Muniesa, Teruel (España) – 10 de enero de 2024.
Montaje de una pala en Muniesa. El viento, que es la materia prima del parque, es también el enemigo de la maniobra: por encima de cierta velocidad, la grúa se detiene.

Aldeavieja, Ávila (España) – 22 de mayo de 2025.
Los aerogeneradores del Parque Eólico de Aldeavieja siguen la línea de la Sierra de Ojos de Albos. Una nueva silueta se instala en el horizonte donde antes solo había monte.

Andorra, Teruel (España) – 2 de marzo de 2023.
Instalación de paneles fotovoltaicos sobre los terrenos de la antigua central térmica de Andorra. El mismo suelo que quemó carbón durante cuarenta años empieza a producir electricidad solar.
El paisaje refleja hoy esa transición en curso. En algunos lugares, las estructuras en proceso de desmantelamiento conviven con nuevas instalaciones renovables. Es posible ver, en un mismo horizonte, la huella de lo que fue y la forma de lo que está llegando. No como una contradicción, sino como una superposición de tiempos.
A medida que el sistema eléctrico incorpora cada vez más energía renovable, también se hace evidente la necesidad de reforzar otros elementos. La red de transporte y distribución, la capacidad de gestión, la estabilidad del sistema. La energía ya no es solo una cuestión de cómo se produce, sino de cómo se integra y se distribuye a lo largo del territorio. Episodios recientes han puesto de manifiesto la importancia de esa infraestructura invisible, de ese entramado de líneas y sistemas que permiten que todo funcione con normalidad.
La transición energética es, por tanto, un proceso amplio. No se limita al cierre de unas tecnologías y la apertura de otras. Implica repensar el conjunto del sistema, desde la generación hasta el consumo, pasando por la red, la gestión y el almacenamiento. Es una transformación que afecta a la manera en que un país se organiza, produce y habita su territorio.

Andorra, Teruel (España) – 28 de enero de 2025.
Dos años después, el campo solar de Andorra sigue creciendo fila a fila. Muchos de los que atornillan los módulos trabajaron antes en la central o en la mina.

Andorra, Teruel (España) – 18 de abril de 2023.
Un técnico trabaja detrás de las filas de módulos, en el emplazamiento de la antigua térmica. Los cables sustituyen a las cintas de carbón; el mantenimiento, a la sala de control.

Carmona, Sevilla (España) – 14 de junio de 2023.
Juan Antonio, agricultor y empresario, recoge la primera cosecha de lino cultivado entre los módulos de la planta solar de Las Corchas. Energía y agricultura compartiendo la misma hectárea.

Totana, Murcia (España) – 6 de junio de 2023.
Un trabajador revisa el crecimiento de los cultivos plantados en las franjas libres del parque fotovoltaico. La sombra de los paneles reduce la evaporación y cambia la manera de regar.
España se encuentra en ese punto de transformación. El carbón pertenece a una etapa que fue esencial para su desarrollo. Las energías renovables abren una nueva era, marcada por la diversificación, por una relación distinta con los recursos y por un modelo más alineado con los desafíos del futuro. Entre ambos momentos, existe un periodo de transición que no responde a una lógica de ruptura, sino de continuidad y adaptación.
Porque lo que se está produciendo no es solo el final de una era. Es también el inicio de otra.
Una etapa en la que la energía deja de concentrarse y se expande, en la que los territorios encuentran nuevas formas de participar en el sistema, en la que la innovación y la sostenibilidad se convierten en ejes de desarrollo. Una etapa que no borra lo anterior, pero que lo integra como parte de un recorrido más amplio.
Y es en ese equilibrio, entre memoria y transición, donde se está construyendo el futuro.

Paradela, Galicia (España) – 10 de febrero de 2022.
Ganaderos atienden a sus vacas bajo los aerogeneradores del Parque Eólico de Paradela. En Galicia, el monte comunal sostiene a la vez el pasto y las torres.

España, 2024.
Vieja y nueva energía conviviendo en un mismo horizonte. La transición no ocurre de un día para otro: se superpone, capa sobre capa, en el paisaje que dejaremos.